sábado, noviembre 14, 2009

Nervios.-

Nervios. Esas horas antes siempre parecían agotadoras. Preferiría simplemente levantarme dentro del teatro y arrancar desde la manta que me rodea. Pero no, me toca tener que despertarme, acordarme de la función, acordarme de que cualquier error va a repercutir en el examen de los que me estén viendo, y sobre todo, en mí y mi performance. Cambiarme, arreglarme, maquillarme, sonreír. Sí, en el medio del caos interno, en el medio de la 3° Guerra Mundial interior, sonreír y asumir que todo va a salir bien. Saludar, desayunar, seguir sonriendo. Decir que estoy tranquila, cuando lo más parecido a mis manos son la de un enfermo de Alzheimer. Respirar hondo y mientras tomo el tibio café con leche, repasar las piezas, una por una, con sus partes preciosas y aquellas que todavía no puedo cantar. Desarmarme cada vez que recuerdo un error de los ensayos, y rogar que se repita cada vez que recuerdo un acierto en otro. Atravesando mi conmemoración a las notas caídas, los comentarios del profesor, de los compañeros, de los que me escuchan y ven algo en mí que a mí todavía me cuesta ver.
Freno, abro los ojos y suelto el aire que contenía. Disfruto de la posibilidad de subirme a esa cantante que se me para enfrente, de ponerme en su traje y de mostrarme más allá de mi cabeza. No tengo que ser brillante, no tengo que ser preciosa, no tengo que descubrir la teoría de la relatividad. Tengo que demostrar que adentro mío hay algo que me permite la magia de cantar y de cruzar de esternón a vértebra al que está en frente escuchándome. Quizás, no sea Callas, quizás no lo sea aún. Mis manos empiezan a dejar de temblar. Mis piernas de repente se vuelven ombúes y sostienen a mi cuerpo como nadie. Pongo a mi cabeza en tercera y empiezo a mirar el paisaje.
Abro la puerta y salgo para la presentación. Los nervios quedan por la escalera, la cocina, el comedor. La calle se vuelve un paraíso y su calma me llena. Cualquier error puede ser subsanado. Cualquier acierto va a ser relevante. Y en el medio de un día gris, un rayo de sol atraviesa las persianas que no me lo permitían ver. Sólo tengo que caminar.

viernes, noviembre 06, 2009

Despertarse.-

Gris, húmedo y pegajoso. Ariadna se levantó pensando en quedarse durmiendo, pero se levantó. Marcos se levantó pensando en levantarse, y se levantó. Beso de buenos días silencioso de por medio, ambos dos encaminaron el ritmo de sus rutinas. Ella fue a la cocina a desayunar, él a la ducha. Mientras leía el diario y hacía como que disfrutaba de esa tostada, escuchaba la radio y el calor atroz que le enviaba con la máxima temperatura le pegaba en cada una de las células de su piel. En el baño, caía el agua cada vez más fría, y reventaba el enfriamiento en un estruendoso grito que no era acorde a la distancia que el dos ambientes establecía entre ellos. Una vez recompuesta la temperatura del agua, el silencio mental que trataba de alcanzar no le resultaba para nada sencillo. Esa radio que escuchaba no le permitía alejarse de la realidad, pero casi que estaba acostumbrado. Cerró la canilla y salió deseando salir.
Cuando cruzó la puerta, la rutina se volvió inútil, el hastío estúpido y la violencia innecesaria. Estaba ahí, con calor, con hartazgo, en silencio, desayuno mediante. Estaba ahí, como siempre, tan morocha y tan blanca, tan silenciosa en el medio de tanto ruiderío. Se acercó despacio, como para no despertarla antes de tiempo, temeroso de lastimar su tranquilidad. La abrazó y le dio un beso que no encajaba en la rutina, porque no era gris pero era húmedo y pegajoso, como el verano aquel en el que se habían conocido.
Lo miró y después de mucho tiempo lo volvió a reconocer. Era él, tal y como lo había conocido, hacía casi 15 años. Siempre con esos ojos negros que resplandecían al verla, y que le reflejaban su imagen más bella. Hacía años que no le mostraba que seguía siendo la reina, por lo menos, de su palacio de dos ambientes. Y le devolvió el beso con todo el amor que su mirada podía reflejar.
Húmedo y pegajoso sí, pero de gris ese día no tenía nada. Salieron a la calle juntos, trajeados, llaves del auto en las manos. Pero les alcanzaba con saber que habían vuelto a tener 17 otra vez, y habían decidido no volver a crecer nunca más.

miércoles, octubre 14, 2009

La guerra de los sexos III - Sobre la victoria de la histeria

Hoy monologo yo. La victoria de la histeria llegó para quedarse. De ambos lados, en todos los campos, en todos los batallones. Pequeños grupos insurgentes de histéricos, que cada vez se amplían más, avasallan a todo aquel que tiene la insensata decisión de tener una relación alguna vez denominada sana.
No pretendo ser idiota o minimalista: nobleza obliga a aceptar que un cierto nivel de histeriqueo codificado es interesante y hasta divertido por un período breve de tiempo. Que te paso mi teléfono pero te contesto uno de cada tres mensajes hasta la primera salida; que te llamo y no estás, y cuando estás, llegaste agotadísimo y sólo tenés tiempo para organizar nuestra visita al cine; que pierdo tu mail y te hago recorrer a todo el muestrario de mis amigas para que lo consigas de nuevo. A todos nos gusta ser presas y ser cazadores, es la gracia del juego. Pero un rato, hasta que queda establecido dentro de las reglas de juego que esto va a algo serio, o puede llegar a serlo. Y ahí, la histeria la ponemos en nivel 1 o 2 de 10, y jugamos con todos los demás botones de la consola que nos arma la mezcla de la relación con otra persona.
Pero cada vez más, y a mi pesar, me cruzo con historias que lo único que hacen es demostrarme lo rápido que se propaga esta peste de la individualización y el egoísmo entre la gente, por lo menos, entre los chicos y jovenes de la veintena de años, en todas sus combinaciones con otras cifras. Chicos enamorados, que no saben si ella quiere estar con él, lo ve como un amigo, o que no le dice como lo ve, pero de a ratos es el mejor amigo, y de a ratos el mejor amante. Y claro, atrás está ella, la que quiere ser conejita de playboy pero no le da para cadeta de McDonalds, la que necesita sentirse deseada y lo usa a él, el pobretón de turno que osó enamorarse de ella, para nunca perder a ese uno que siempre la desee. Y para eso, no lo suelta jamás, mostrándole solamente en los momentos en los que parece perderlo en brazos de otra, que ella en realidad también está ahí para su disposición.
Del otro lado, él, el que cuando le cuento a cualquiera mayor de 50 años no me cree que existe: la novedosa raza del histérico argentino. Generalmente fachero, este chico no lo hace por sentirse deseado, lo hace para sentirse poderoso (ojo, los dos combinan ambos aspectos, pero la mujer busca más el deseo, y el hombre más el poder). Sabe que la puede controlar, que puede no llamarla y lo va a llamar, que puede no hablarle y le va a hablar, que puede decirle que está con otra, y ella esperarlo a los pies de la cama. Tiene su pequeño séquito para controlar, que quizás no lo vean como un Adonis, pero seguro lo ven como un dios, y eso para él es suficiente.

Atrás de estos muchachos, hombres y mujeres que se preocupan mucho más por ser en sus mentes exitosos, que en la vida real y evitando que otras personas salgan lastimadas, los que se terminan pegando con sus paredes a 226 km/h. Hombres y mujeres que mueren por amar y ser amados, o que simplemente tuvieron la mala suerte de caer por estos pequeños monstruos de egoísmo, y que sufren de la duda de soltarlos y tratar de encontrar a alguien nuevo, con el miedo de no saber si existe; o bien, de seguir atados, a algo que saben que no es real, pero que por lo pronto se parece bastante. Lágrimas caen, puteadas se van con el viento y llegan a los oídos sordos de las nubes. Y así se sigue desarrollando el mundo moderno, con cada vez más de ellos, porque a nadie le gusta estar en el bando perdedor.


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esta es mi línea
porque detrás de todo
no quedan
ni tiempos, ni lugares
ni otras líneas que dejar
en esta línea te muestro
aunque no veas
mi alma
lo que vivimos juntos
dejo paso a paso
nuestro andar

esa es tu línea
intermitentemente paralela
a la mía
tan limpia y fresca
pareciera que nunca
jamás de los jamases
la hubieses pisado
sé que no
saltas y corro junto a tí
tratando de alcanzarte
sabiendo que no puedo

nuestra línea no existe
pero cada vez
que me muevo insensatamente
se cruzan en puntos
y se vuelve segura
y sigo corriendo
porque se que adelante
voy a chocarte
y no te liberaré más

años pasaron y mi línea
y tu línea y nuestra línea
nunca fueron una
y salteé casilleros
y escapé a líneas nuevas
y te veo aún a mi lado
pero estás tan lejos, tan lejos
que sé que indefectiblemente
tengo que dejarte
seguir con tu salteo
con tu escape de tu propia línea
y debo seguir la mía
tan segura desde un comienzo
hasta que se cruzó
[con la tuya.]

miércoles, octubre 07, 2009

Del Rock al Derecho en 21 años.

Sentada. Miro la pantalla y la verdad, o a decir verdad, no parece tan distinto. Al lado mío, el mismo televisor, la misma voz, el mismo vaso, el mismo resaltador. Detrás mío, la misma cama, el mismo conjunto de ropa desgarbada que resulta ser usada, el mismo conjunto estático de almohadones. Delante mío, la misma imagen de hace años, la misma entrada comprada con meses de anticipación, la misma cantidad de cosas que pienso que debería sacar del escritorio. Y es que nada parece demasiado distinto respecto de hace unos segundos.
Hago zapping, cambio los canales, apago el televisor y prendo la radio. Cambio los diales, voy y vuelvo entre emisoras, la apago. Reviso los diarios del mundo virtuales, los blogs de turno y el resto de las tareas que me corresponden donde me comentan la realidad del mundo. Reviso la cucha de mi perro, y me encuentro con sus ronquidos. Y es que no, todo parece igual que antes de que sucediera.
Abro los libros y las agendas, reviso los mails, reviso mi página, enciendo el teléfono y el celular. No, la temperatura, los tonos, las líneas, todo parece igual que hace minutos. Incluso, por mucho que lo intente y me mire al espejo, ni un gramo menos, ni un pelo más blanco, ni un centímetro de más en ningún lado.

12:38 am. De fondo, un tema cuyo título no parece ser evidente en el contexto en el que lo escucho: "Sunshine of your love". Pero su arpegio simple y real me recuerda que todo lo complejo puede parecer imposible de alcanzar, pero en realidad es mucho mas sencillo de entender que otras cosas. Un saludo se acerca, otro termina, uno está por comenzar. Las felicitaciones por un hecho imposible de evitar, son sucesivas. Pero así y todo, detrás de mis ganas de ser estrella de rock, y delante de mi necesidad de estudiar el derecho que organiza lo que creo que hay que desarmar y desarticular, hay una nenita que con sus rulos constantes se subía a su mecedora de caballito, y jugaba a la doctora con Juliana. Una nena que con zapatillas de danza negras y remeras de brillos, lejos de ser las sílfides que la rodeaban, hacía lo imposible por lograr encontrar eso que le iba a permitir expresar todo lo que necesitaba, mientras sus palabras llegaban mucho más lejos de los que pensaba. Una jovencita decidía dejar atrás todo lo que le molestaba, y empezar de cero, con gente que pudiera compartir con ella ciertas magias; tomaba las armas que le prestaban un ratito y saltaba por sobre las murallas que alguna vez le habían impuesto. Una adolescente completa compartía horas con adolescentes que le acompañaban en cada uno de los momentos que se suceden de la manera más feliz. Una joven que sale de su ámbito rodeado de murallas de cristal, de ideales impensados y destrucción racional, y entra en un ámbito que hubiese sido perfecto para repetir el modelo, salvo porque se cruzó con la necesidad de respirar. Una joven se mantiene firme por primera vez en la vida, en una forma de verla y vivirla, sin pensar si es buena, mala, simpática, atenta o lo que sea. La disfruta, y listo. Y ahora, esa joven, es jurídicamente capaz.

12:57 am. Y se supone que ahora sí puedo ser responsable por completo, más que hace 58 minutos atrás. Vaya uno a saber porqué. Porque lo que yo sé, es que lo único distinto, son las ganas de festejar.

viernes, octubre 02, 2009

La guerra de los sexos II - De la aceptación y la negación (Lo que me costó la posesión de mi media naranja)

Pero vos no entendés, lo que pasa es que siempre hace lo mismo. Viene, se va, y después yo tengo que andar justificándola. No, si yo no soy un boludo, yo sé lo que anda haciendo cuando sale con las amigas... Sí, cómo no lo voy a saber. Esas pibas son una más trola que la otra. Seh... Acordate Lali. Sí, ESA Lali! La de Marquitos, la del Chino, la de Tomy! Sí, ésa. Bueno, es la primera en prenderse en las salidas que arma. Y sí, con compañeras de salida como ésa... Pero no seas pelotudo por dios! Vos me estás jodiendo? Que vaya con ella? Me estás jodiendo?! Ni en pedo. Con todo el cotorrerío ése, no me agarran ni en pedo. Que Pupi estuvo con Toti, que era el ex de Manu, que salía con Leo, que... No, boludo! Ni en pedo. Y los novios de las pendejas esas, los sometidos esos, ni en pedo. La última vez que se cruzaron con la redonda, fue cuando se chocaron con la bocha de polo los tarados. La otra vez venía de ver Instituto - Belgrano. Partidazo. Bueno, estaba uno de estos flacos... Nicky le decía la novia... Buah, cuestión que yo me puse a hablar del partidazo que recién terminaba de ver. Y el pelotudo salta y me dice "Belgrano... Y qué jugaban, cerca de Barrancas?" No, casi lo mato al imbécil. Pero la verdad, había garpado una banda porque ella se moría por ir y bueno... Vos decís que Carla va? Vos la dejás ir? Buah, si vos decís que sale joya, todo bien. Clara es un toque más tranqui que las otras locas... No, quiero decir, que es re tranqui, así que si la acompaña a Maru, va todo bien. Sale La Reina?

Vamos a Pachá no? Viene Lali no? Ah, menos mal. No, bolu', pasa que el otro día me dijo que Tomy se re calentó porque se enteró lo del chino...Y sí, pero también, si le cuenta a Luli que es la mejor amiga... Qué sé yo... Que se joda, también.. No, nada, a mí me encanta salir con ella, porque es como siempre, como cuando estábamos en quinto...Sí, buenísimo, las mejores noches con Lali. No, Car, no te enojes... Con vos también la paso increíble, pero vos me entendés, es que Lali es más zarpada, vos sos como más tranqui. Pero la pasamos re bien cuando salimos, lo sabés! Jajajaja... Bueno, dónde nos encontramos? En lo de Romi, ajá. Y Sofi? No viene? Por qué? Ah, el novio... Sí, ese pibe... No, es un desastre. Yo le dije que lo controle. Sí la otra vez fui yo con Fede, porque sabía que salía con él y un par más de los chicos, y Sofi no quería ir sola con ellos. Pero sino, ya sabíamos que iba a cagarla mal. Así que lo convencí y fui con mi bebé. Sí, igual, un embole, porque claro, como estaba ahí se hacía el buen pibe, pero estoy segura de que cuando sale con los pibes solo, yo lo conozco, se debe hacer el langa mal... CÓMO QUE VAN HOY A LA REINA?! NO ME DIJO NADA!! Ves?! Ves?! Después me dice que no, que no pasa nada, que sale con los chicos, pero no, yo lo conozco...Ah, ahora me va a escuchar. Pero no importa, porque entonces cuando salimos, olvidate, hoy la rompemos. Y que termine como termine. Si el se puede ir de joda con los amigos, yo también!

martes, septiembre 29, 2009

La guerra de los sexos I - La batalla de la cordura emocional

Hola? Hola? Estás ahí? Ah, no... Bueno, cómo andás? Yo bien, como siempre, eh... Bueno, nada, quería saber cómo andabas, cómo seguías, cómo habías terminado la noche... A la noche te llamo de vuelta... Besos.-

Hola, cómo andás? Nunca te encuentro eh? La verdad, no me gusta nada esto de dejar mensajes... Odio no saber si los escuchás, si te enterás de que te los dejo. Quería saber cómo andabas, si todo estaba mejor. Un beso.

Dani? Hola? Ahh... Cómo odio este contestador... Bueno, espero que esté todo bien. Ehhh... Bueno... Cuando puedas, si querés, llamame. Yo tengo el celular prendido. Besos.

"hola!como tas?todo bien?te deje un mje en el contstador.me llamas?besos"

Quince-Cuatro-Tres-Ocho-Cuatro-Doce-Setenta y siete... Hola? Hola! Por fin te encuentro! Cómo andás? Ah, andás ocupado? Podés hablar?... No, nada... Te llamé, te llegaron los mensajes? Ah, no tenés crédito...Esta bien. No, nada, quería saber cómo andabas, porque como no me llamaste...Sí, claro, estuviste ocupado. Sí, claro... Sí, perdoname, no quería molestar, pasa que... Ah, mucho laburo. No, todo bien yo. Acá, lo mismo de siempre, con la facu... No! No te preocupes, sólo quería preguntarte cómo andabas...Dale, dale, buenísimo, espero tu llamado entonces. Suerte en la reunión! Besos!

Hola? Hola? Tututututut.

Hola?...

"che,como andas?"

Contactos - Juli Kimia - Llamar... Hola? Ah, cómo andás? No, todo bien. Sí, mucho bardo, un kilombo estas semanas... Che, qué hacés esta noche?... Bueno, vamos a cenar? Dale, paso tipo 9 entonces. Cómo era tu dirección? Ah, cierto... No, después vemos qué hacemos, no te preocupes. Te veo a la noche entonces, besos.

Hola, Dai? No sabés! Me llamó! Sí, viste? Yo sabía que era un tímido... Claro, es que estaba a full con el laburo, pobre... Sí, me invitó a cenar, un divino. Sí, y seguro que después me lleva a pasear por algún lado. No, cómo decís eso? Él es distinto, no es como el resto. Nah, nada que ver, boloa'. Él es más tranqui, un pibe simple, nada que ver con los últimos. Seh... Que vos lo conocés? Cómo? Ah, salió con Nani? Pero sigue con ella? No sabés... ahora la llamo a Nani y le pregunto... No, claro, con razón se acordó de salir conmigo... Claro, se debe haber peleado con ella, y ahora para darle celos quiere salir conmigo. Que hijo de...Ah, pero no sabés? Bueno, ya fue, yo lo llamo y le digo que no. A mí de tarada otra vez no me toman... Vos te das cuenta? Siempre lo mismo yo! Soy una boluda... Por Dios...No lo puedo creer que siempre me pase lo mismo... Che, Dai, te dejo así lo llamo a este pibe y después a Nani, que ya me va a escuchar la conch...!!

Nico? Cómo andás? Seh, una loca la flaca. Sí, la piba esa, la de Kimia. Sí, la llamé ayer para ir a cenar. Todo bien, parecía una mina bárbara la verdad, pero quince minutos después me llamó llorando y re loca la flaca. Seh, un desastre. Me dijo que era un hijo de puta, que no sé que más... No sé, la verdad que no le entendí nada. Creo que me dijo algo de Mariana, pero ni idea. Sí, capaz que la conoce, qué se yo. Otra loca la verdad. Che, qué hacen con los pibes hoy? Sale partido? Bueno, avisale a Nacho que yo voy... Sí, dale, y hoy invito yo, que ando con plata encima, jajaja....

jueves, septiembre 24, 2009

Simulando.

El pelo suelto para disimular el tamaño de la cabeza. Los lentes con marco angosto, para no ensanchar más la cara. El flequillo largo que disimula el frentón que llevo por delante. El delineado que abra mis ojos chiquitos. Un labial rojo que resalte mis labios pequeños. Un par de pantalones ajustados que muestren mis piernas no tan macetonas. La camisa abierta para ocultar los 5 kilos de más. El corpiño push - up para ocultar la falta de ataque. Las zapatillas que disimulen los pies anchos. La malla al cuerpo bajo todo que forme la figura que no existe. Las uñas semipintadas para parecer un poco menos falsa. El cinturón rockero comprado en Once igual al que las colegas mueren por comprar en Palermo. El reloj pulsera infaltable para ocultar mi natural impuntualidad. Mi pulsera negra que desaparece bajo las mangas largas de la camisa grunge. El aspecto general que me categoriza, me conforma, me define, me ubica en tiempo - espacio - ideología - capacidad - resistencia - conformidad.


Y en mis auriculares, sonando de fondo al paisaje urbano que me rodeaba, "Live Forever" de Oasis. Mi cabeza lo más abierta posible, el cerebro lo más desarrollado posible y las ganas de seguir avanzando para hacer avanzar, ocultando la imbecilidad social.

miércoles, septiembre 16, 2009

Parecía.-

Suspendido y único, pero tan complejo como siempre. Parecía que flotaba, parecía que no era, parecía tantas cosas que llegaba a desaparecer. Pestañeó y se levantó, con el esfuerzo de sus pocos años que tantos parecían al lado de los míos, riéndose, como siempre. Parecía tan cercano, y todo el tiempo me resultaba extrañamente distante en su sonrisa. La baldosa floja y su poca estabilidad hicieron que una carcajada en estéreo se escapara, haciendo que lo que estaba alrededor pareciera un simple contexto, una mera casualidad. Cruzamos con miradas infantiles al alma ensordecedoramente abrumada del otro, y encontramos lo que no veíamos en nosotros mismos: nuestra sencillez. Lo ayudé a levantarse nuevamente, y con la risa todavía entre los labios, las ganas de cambiar el mundo se hicieron más palpables. Paso a paso las utopías que minutos atrás parecían increíblemente imposibles ahora no eran otra cosa más que proyectos a futuro. Había en su voz una sutil e innata mentira, y en sus palabras, la ironía que llevaba a sus entrelíneas un poco más allá. Ya no era la queja, era la diferencia. Ya no era el mundo inentendible rodeándonos, era el próximo bienestar que parecía no sólo alcanzable, sino reveladoramente acogedor. Una bocanada de aire con aroma a lluvia se entremezcló con la esencia de menta y recorrió en un abrir y cerrar de ojos desde la punta de mi nariz hasta el dedo meñique de mi pie derecho. Todo mi cuerpo sintió la frescura que su alma parecía proyectarme, y aunque era peligrosamente inalcanzable, me dejé llevar por la idea de que la posibilidad de volver a ser una niña estaba frente a mí. La gravedad me jugó una mala pasada y, entendiéndome par, sencillamente sonrió mientras a través de sus ojos estallaba en carcajadas una atrás de la otra. Me reí yo para liberarlo de semejante presión, y el no pudo contener más lo que él creía burla, pero yo entendía como libertad. Hábilmente me dejó llevar por su mano, y fue entonces, no sé si en el momento en el que planté firme los dos pies en el suelo, o en el que lo solté, volví a la realidad. Nunca, jamás en mi vida, la realidad había parecido tan cercana a la irrealidad de la locura.

jueves, septiembre 10, 2009

El deshormiguero más grande del mundo.-

Millones de ellos se mueven, siempre tan apurados, bajo el rayo de sol o la lluvia, haciendo lo que corresponde. Se golpean, se atropellan, sa aplastan, y siguen haciendo lo que corresponde. Todos casi negros, todos casi grises. A su alrededor el maravilloso color de la vida, pero no les compete anexarse a ese movimiento alegre de hojas, flores, pájaros, agua, rayos, viento. No, porque no es lo que corresponde.
Siguen derecho, siguen caminando. Rompen las barreras de las vías para acelerar el paso. Llegan temprano a lugares vacíos, llegan tarde a lugares llenos. Nada de eso importa, ellos continúan con su movimiento constante y sin pausa, pues es lo que se corresponde.
Siempre con pasos increíblemente marcados y seguidos uno del otro. Con ojos más parecidos a cataratas que a lagos, siguen andando, pasando. Se mueven, van, vienen, se cruzan, se anudan. Y siempre tan solos. Pero eso sí, siempre haciendo lo que corresponde.
De repente, estrepitosa y sorpresivamente, colapsa su armazón de metal. No sé si los agobia el miedo o siguen haciendo lo que corresponde.
Caído el Parlamento, la ciudad no colpasa. Los niños siguen, portando sus mochilas. Las madres siguen susurrándelos que los aman. Los abogados siguen ajetreadamente vacíos. Y los médicos, fríamente encamillados. El movimientos no se frena ni por un momento. Simplemente siguen, procurando moverse lo suficiente como para evitar ser ellos la próxima víctima. Si hace falta, desarmarán el origen del mundo. Si es lo que corresponde.-

domingo, septiembre 06, 2009

Ella.-

Y volvió. Después de que había parecido que se hubiese escapado, que hubiese desaparecido, que quizás, por alguna razón, simplemente quizás, hubiese muerto. Pero no, ahí estaba, parada frente a mí tan viva como la última vez que la había visto. Incluso, describirla la haría sonar a aquella que alguna vez convivió conmigo, volviendo de mis días una pesadilla. Sus rulos ahora más amplios pero igual de castaños, sus ojos miel que parecían haber sido atravesados por meses de tristeza, menos cintura, más miedos y una voz que sonaba parecida a la última vez que le había escuchado, pero que cargaba con el peso de haber recibido los golpes de la soledad.
Anonadada en la sospecha de que llegaba para no irse pronto, la revisé de pies a cabeza y de nariz a a nuca, tratando de encontrar en ella las diferencias con la última vez, tratando de entender qué la hacía volver. No dijo palabra, incluso sabiendo que moría por preguntarle lo que mis ojos ya le estaban reclamando que explicara. Es que siempre fue así de arisca, de cínica: llegaba para no irse y para dejarme con la intriga de para qué venía hasta el momento en el que me decía "me voy", y yo sabía que ya lo había conseguido.
Suspiré hondo, tomé en mis manos la fuerza que necesitaba para pedirle que se fuera, y la tomé de un hombro. Un escalofrío recorrió cada una de las vértebras de mi columna: una catarata de imágenes que más que recuerdos eran avisos y consejos de precaución me atacaron sin darme tiempo a respirar. La solté, pero no por decisión propia, sino porque su aura estaba rodeada de la energía que un cable pelado puede proyectar. Me miró, sabiéndose victoriosa, sabiendo que ya había perdido esas fuerzas que había recolectado y que no había manera de echarla de allí.
Volví a alejarme lentamente, mirándola a los ojos, esperando que me dijera que no iba a quedarse, que esta vez iba a dejar mi vida en paz, que por más catastrófica que en ese momento fuera la sucesión de mis días, ella no iba a inmiscuirse para que fuera aún más compleja. Esperaba eso y mucho más, pero como siempre, no dijo nada. Me miró y sonrió, socarronamente, dejándome bien en claro que ella ponía las condiciones en su estadía, así como el plazo y el objetivo. Una lágrima se deslizó imprudentemente por mi mejilla dejándole bien en claro que lo había entendido, que no haría nada por detenerla y que una vez más, estaba habilitada a darle un giro de 180° a mi vida. La última vez, algo la había frenado, pero esta vez entendí que venía a terminar lo que había empezado, y nada la detendría.-