24 de septiembre de 2007

escondida*

Augurio de la más temible historia jamás contada, Valeria cerró los ojos y empezó a contar otra vez desde cero.

- 0, 1, 2, 3, 4, 5...

Cuando alcanzó el preciado 50 de vuelta, abrió los ojos por segunda vez y se secó las lágrimas. Siempre había temido al juego de las escondidas y ahora comprendía porqué. Su mirada se volvió cada vez más profunda mientras atravesaba las paredes con el rayo láser que su pavor le regalaba a medida que los segundos pasaban.
Sonreía, pero la realidad le mostraba que no había nada de que reírse más que de ella. Mientras trataba de decidirse entre acompañar al miedo en su parálisis o usarlo para correr lo más rápido posible hacia esos arbustos que hacía dos minutos que veía mover, Valeria alcanzó a reconocer dentro de ella una sensación que nunca había recibido hasta el momento: la rabia.
Eso, eso que la destruía de a poco desde que los había conocido, entonces eso NO era rabia. Esto lo era. Retrocedió dos pasos hasta el árbol donde hasta hacía cinco minutos su vida se enfrentaba a la clara posibilidad de no continuar, y recordó cada una de las palabras que había escuchado en los últimos tres años. Ahora que los traía juntos a la memoria, era ahora que entendía que ninguno de esos ilusos grupos de palabras habían sido consejos. Meros augurios e intentos de reproche habían sido los insultos que ahora recién creía comprender.


Mientras tanto, a lo lejos en la sabana, intento de mezcla de malezas poco sanas con pelopincho de jardín, Ariel reordenaba sus pensamientos para estar seguro de lo que haría esa mismísima tarde. “No todos los días uno declara su amor”, pensó sin más conmoción que la de una hoja seca ante su inevitable destino otoñal de la caída. Una frase rosa por aquí, un par de líneas de melodrama crepuscular por allá y voilà: he aquí una enamorada fiel y sincera de por vida. O eso al menos era lo que prometía la receta, ¿no?
Caminó por el sendero esmaltado de fines de siglo como si todas las calles de la ciudad se hubiesen vuelto súbitamente canales venecianos. Sofocó unos nervios (pocos) infantiles con el dulce sabor del azúcar en sus labios. Sin embargo, le era inevitable el continuo andar por ese ya milhecho camino perpetuo.
“¿Y qué me dice ahora Don Ariel? ¡Quién lo ha visto y quién lo ve, caminando angustiado infinitamente por el amor de una mujer!” Debía cuidarse mucho de que ninguno de los varones lo viera en ese estado lastimero y que tanto dejaba que desear en un hombre altivo y masculino como él.
Sonrió al verla llegar a lo lejos, a lo lejos de ese insensato y excesivamente largo trecho tantas veces por él recorrido, y la saludó por dentro como sólo el hombre bien enamorado puede hacer. Sí, así, recordando cada una de las letras naïf y sin sentido que tantas veces había escuchado pero que sólo entendía mientras observaba a su sirena dar algún paso, alguna señal de su amor.



- ¡PICA ARIEL, ATRÁS DEL ARBUSTO DE AZALEAS BLANCAS!
- Vale, ¿me venís a ayudar? Creo que me enredé con la planta esta...
- Pero, Ari, no puedo, sino pierdo... Esperá que termine y vengo.
- Pero Vale...
- ¡¿Vale qué?!
- Nada, Vale, nada... Andá, te espero...

23 de septiembre de 2007

buenos aires*

Mientras el sol brillaba sobre la ciudad portuaria, las costas repetían la historia de los barcos llegando a los muelles que los esperaban.
El viento soplaba, las palmeras se mecían, las nubes se negaban a aparecer, el cielo resplandecientemente celeste iluminaba sin necesidad de la estrella diurna, el clima de un invierno frío como pocos había desaparecido en la gente solitaria de la ciudad.
Parecía que finalmente Venus había decidido volver a la ciudad que nunca dormía, pero cuya temporada de frío había provocado en el ánimo pueblerino una especie de hibernación obligada.
Mientras el artista caminaba por las calles de tan aislada ciudad, el resto de los miles de individuos que compartían con ella las baldosas descascaradas que insistían en pisar la observaban disfrutando de la excentricidad de su actividad.
Miraba, elegía, se reía, cantaba. Todo por la mirada era descriptible hasta el más mínimo detalle. No quedaba opción, más que la de compartir con ella esa situación de felicidad pura y absoluta, mágica y decidida. Realmente parecía que sólo faltaba el aire cálido y el perfume a mar.

Y sin embargo, detrás de tanta gente, tantas palmeras, tanto viento, tanto sol, tanta paz, el desastre se avecinaba. La risa se convertiría en llanto. La luz en tormenta.

No quedaba más que disfrutar lo que había, sabiendo que en cualquier momento podías terminar.

O no.

la espera*

Mientras escucho los pasos del asesino por mi ventana, cada una de mis neuronas se alinea y alista para el encuentro. Cierro las cortinas del silencio y abro la llave que me permite revivir para volver a comenzar. Mientras el agua cae caliente y fría sobre mi piel, cada una de mis células se despierta como debería haber hecho en ese solitario amanecer y parecen encenderse como un hogar a leña en pleno diciembre boreal.
Sonrío bajo la llegada del vapor a lo que debería ser la seda de mi espalda, pero el frío del comienzo de la noche hace que la nueva ventana abierta enfríe hasta lo más profundo de mi alma todo mi ser, incitándome por completo a terminar de recrearme en el candor de lo que trato de esperar.
Entro a la ducha después de los clásicos cinco minutos de precalentamiento, y en ese instante siento lo que esperaba sentir más tarde esa misma noche, y comienzo a imaginar el placer de lo oculto en lo más profundo de mi imaginación. Comienzo con lo más cercano, visto, recordado, sus ojos y su sonrisa, que no provocan en mí más que lo sensible del amor que nos tenemos profesado en mis sueños. Ahora, mientras tomo el jabón entre mis manos y comienzo con el rito habitual de cada día, rememoro lo más dulce y terrible que tiene, el sentido del tacto, el sentido de lo que aumenta cuando más suave se torna, y acorto el tiempo de reacción de mi cuerpo frente a lo que mi subconsciente insiste en regalarme.
Como lo que se regala no se devuelve, tomo lo que me llega sin titubear y lo alcanzo a mis más necesitadas voluntades de felicidad, y mientras mis manos no se resignan a dejarme sin un placer extremo, acomodo mis ojos en lo que no existe, fusionando lo mágico con el grito excelso, y supongo que el final austero de lo que tuve y ahora no tengo es momentáneo (inconsistentemente momentáneo).
Dejo el jabón, el vapor y el espejo. Abro la puerta y frente a mi reflejo de cuerpo entero, comprendo que el pecado era no hacerlo, era tener tanto miedo. Me convenzo de que la felicidad es la muestra gratis en la Tierra del paraíso eterno, y al mismo tiempo que sube mi vestido por mi espalda, costado y pecho, miro mis manos no aisladas de lo que siento y cuento los segundos para el encuentro.
Sonrío mientras se mueve el segundero. Sonrío por todo, por el secreto. Sonrío por mis manos, por mi imaginación, por su recuerdo. Sonrío porque no lo sabe, sonrío porque podría saberlo. Sonrío porque imagino en el mismo momento en el que empecé mi cuento, con el agua fría, caliente y tibia al mismo tiempo. Sonrío por el timbre que abrirá el encuentro. Sonrío cuando la miro y me sonríe de nuevo.
Que el encuentro no sería completo si no estuviera ella, sin saberlo, espera que el vino, la música, las velas hagan el efecto que en mi ya hizo ella. Y no puedo dejarla sola, esperando, en mi sillón de espera.

sin:título1*

Sacó cada una de sus ropas, para sentir la seda que sus dedos rozaron con el placer de lo incierto. Mientras, el metal, tan insulso, frío y certero, amplió la gama de sensaciones que sobrevivió en su alma más allá de esa misma noche. Angustiantes momentos se sucedieron como una cinta fílmica, uno tras otro, esperando al que estaba por venir con el aliento retenido y la pasión en su vertiente más escabrosa. Sofocó la sed de misterio, la sed del delirio de lo que le quemaba dentro, con el roce de sus manos sobre el cuerpo que sus ojos insistían en tratar de capturar en una gran imagen imposible de adaptar. Sintió sus propios labios como dos nuevos sistemas de sensaciones que actuaban de la misma manera en la que funcionaban cuando los necesitaba para su propio placer. Austera declaración de pasión pasajera, mientras ella entregaba su menospreciada alma al comercio de las sensaciones más placenteras, él pensaba en lo que tanto tiempo había esperad. Sufría la necesidad del placer mientras ella intentaba quitarle la hambruna con la visible magia de sus manos. Manos más rápidas que la vista, la estrepitosa corrida de cosquilleos y anhelos le provocan los más terribles augurios de espera. Sin tiempo de pensarlo, recibe de su Helena contemporánea lo que esperaba. Mientras la mira con sus manos, sus ojos cerrados por la luz adivinan sus límites de reina madre y tratan de recordar sus rasgos, aquellos rasgos que le atrajeron, canto de sirena en silencio y ligero. Sucediéndose lo inesperado, encuentra lejos de sus propias manos un placer sincero y nuevo: un conjunto, paquete de sensaciones recién estrenado y repetibles a continuación. La da vuelta, y sostiene mientras la sostiene todo lo que en su mente se guarda, como para evitar que corra, escape, se desarme lejos de la frialdad brillante de su mirada. Al ritmo del reloj campanero, el movimiento de su espalda, su punto G sereno, el grito de lo que espera dentro, creyéndola sabia, asume que todavía puede quitarle el sueño. Le pide que lo entienda, que es nuevo en esto, que tiene ideas, que tiene miedos. Y ella lo acepta como es y como la desea. Le mira los ojos, le mira el cuerpo. No hay más “clic clac”, no queda tiempo. Termina todo el placer extremo, extenso y certero. Rostro a rostro, cabello a cabello. No hay más entre ellos nada más sucio y mentiroso que lo que viene ahora: el adiós, el dinero.

histeria*

Supremacía de la histeria. El grito y el llanto han conquistado el espacio del silencio y la paciencia. Se suceden los augurios de estelas maravillosas. Lágrimas se confunden con la sorpresa de las contrapartes.
Soluciones a problemas sin sentido se han cansado de conquistar corazones y almas. Suenan en el aire las combinaciones de compases, mezclados de la manera más suprema. Inentendibles protestas y quejidos corroen los antiguos sentimientos que en algún momento de la historia supieron ser jefes de las acciones.
Los cobardes ya no se confunden con los valientes, porque valientes no existen más (y los cobardes se apoderan del mundo). Detrás de los cobardes, la histeria propia de un mundo cada vez más andrógino.
Recuerdo la época en la que la igualdad corría en un solo sentido. Mujeres iguales a los hombres, y no viceversa. Y en algún punto, en algún lugar, los términos se mezclaron, se fundieron detrás del término “igualdad”.
No es el tiempo el que cambia sino nosotros los que nos cambiamos a nosotros mismos y al tiempo. Dejamos (sin sentido) que la histeria se combinara con la normalidad, y ahora funcionamos bajo su orden, bajo su grito de mando.

hipocresía*

Hipocresía eterna azota a la ciudad despierta. Los que duermen (malditos suertudos) condicionan la hipocresía a los sueños que los acogen.
Detrás de mi comentario post saludo, hipocresía. Detrás de su mirada, hipocresía. Sostener miradas en el mundo de hoy en día no vale nada. La palabra tampoco, el honor se ha escapado por la ventana.
En sus escritos encuentro la hipocresía de quien se queja y no soluciona nada. De quien dice tener la respuesta pero no la comparte con nadie.
En su crítica descubro que él no ha cambiado en nada. Es igual al resto, y eso me desgarra. Sus comentarios destruyen lo que su imagen se complace en alentar.
Cierro mis oídos, mi mente; mi piloto automático se enciende al instante en el que el beso se instala. Mi alma se pone en funcionamiento a medida que me despierta para que el filtro nuevo sobre mi mirada me permita ver más rápido esa exclusión mía del mundo.
Hipocresía eterna azota a la ciudad despierta. Yo despierta me arrepiento de haber dejado la cama. Ahora sólo puedo decidir: o me desencanto de mi líder natural y me rindo a la más profunda soledad y angustia; o sigo como hasta ahora, dueña de un filtro único y espectacular que me permite ver todo lo que somos y jamás podré cambiar.

arte*

El arte no es ser bohemio. El arte no es ser bohemio, no es ser libre, no es ser nada. El arte es arte porque es arte.
Infinidades de veces, infinidades de humanos, infinidades de de tiempos insistieron en marcar al arte como algo, como lo que era o como lo que no era; o como lo que era con lo que no era. Soberbios críticos y artistas de un arte comprendido por sus compañeros crearon la farsa del arte y del “no arte”. Si insistimos en que la nada no existe entonces, ¿por qué el “no arte” debería ser real?
Los magnánimos y todopoderosos comentarios deciden qué complace al arte y qué lo destruye. ¿O es qué la destruye?
El arte es hombre, es reacio y formal. El arte expresa, oculta y es realidad. El arte explica, confunde y conmociona (o emociona). El arte es eso que todos queremos pero no podemos ni debemos explicar.
¿Quién les dijo que el arte es hombre? Tal vez sea una sirena difícil de domar, oculta detrás de su “a” inicial para no ser descubierta en realidad.
¿Quién les dijo que es reacio? Si yo no me opongo a nada, sólo quiero un nuevo idioma para (de)mostrar.
¿Quién les dijo que es formal? ¿Quién les dijo que es informal?
¿Quién les dijo que expresa? Quizás sólo sea por ser, como cuando en blanco “pensamos”, y la mente está por estar.
¿Quién les dijo que oculta? Si bien las palabras son pocas, las imágenes son ingenuas y los sonidos austeros, es claro que muchos de ellos nos muestran cosas que la mente y el alma ya no pueden ocultar.
¿Quién les dijo que es realidad? La fantasía más absurda se encuentra en la maravillosa estela del arte en general.
¿Quién les dijo que explica? ¿Alguien entiende al alma en estado puro, al amor sin besos, al aire de fresco otoño como el diccionario los nombra?
¿Quién les dijo que confunde? ¿Alguien alguna vez pudo perder el mensaje de las flores como belleza, o de un sol negro de lluvia, o de un estruendoso final de ópera?
¿Quién les dijo que conmociona? No hay sensación más placentera que, como después del sexo tras el amor, surge del final de la última línea de un texto mágico, de la última nota de una melodía eternamente nuestra, del último sentido de ka imagen más intensa. (¿Quién les dijo que emociona? Si no hay frío más eterno que el de un best seller taquillero, que el de un plástico infinito, que el de un cliché discográfico.)
El arte no se explica porque no se quiere. No poder explicar el arte es una excusa de los incoherentes e ineptos “expertos”, que bajo sus miedos más intensos, se ocultan bajo la frazada al momento de patear el penal en el minuto 90 de la gran final.
Para eso estamos nosotros, los excelsos lectores, espectadores, escuchas. Nosotros, los soberbios que nos animamos a perder esos miedos, o a pasarlos por encima (a patear el penal al ángulo con fuerza, arriesgándonos a la abucheada más letal). Nosotros, los que explicamos al arte que es arte por ser tal, más allá de los delirios de los demás.

ayer*

¿Sabes qué hicimos ayer? ¿No lo recuerdas? No te preocupes, acabarás por recordarlo. No es tan difícil de explicar.
Sonó el despertador y me besaste como todas las mañanas. Te levantaste y sonreíste a una ventana gris. Admiraste el paisaje urbano que opacaba nuestro estilo country interior. Caminaste sincero hasta la cocina y repetiste la rutina diaria tan preciada. Podrías dormir media hora más, siempre te lo dije, pero preferís tu desayuno completo y caliente.
Pero para variar, preparaste uno para mí y, media hora más tarde, me despertaste con una bandeja en la que sólo vi una flor. Sonreí, pero no a un paisaje frío y gris, sino a una esplendorosa vista llena de sol y luz. Quizás demasiada luz.
Después de disfrutar de tu alma en la forma de un café doble fuerte, me levanté y empecé con una rutina que ya habías logrado romper. El día fue igual al día anterior para todo el mundo menos para mí. Destrozaste mi coherencia diaria, mi sabida escala horaria, que empezaba con dormir y terminaba, bueno, con dormir.
¿Sabes que hicimos ayer? ¿No lo recuerdas? Dejamos de lado al mundo y, como el mundo es mundo si nosotros lo vemos y lo creamos con nuestra vista día a día, ayer destruimos el mundo.

14 de agosto de 2007

Just guessin'*

I guess I never told you the truth
and that's why nothing will go on for you
When I look into your eyes
I see everything that is inside

But when I found you I could tell
that something weird was back them
I understood it when I left
it was the lie you couldn't ever get

So was that what I should have done
I know you told me when you said nothing at all
I woke up late, to late to know
To late to use it to let you love
And when I thought that there was nothing more
you came right back at me and broke me in half
There's no one else, you already know
I tried to loose you and you tight me more
Don't wanna crawl
don't wanna fall
I don't live anymore since you left me alone

Suppose I tell you right know
what I was thinking of when you arrived
you would never guess it
you need me for you to light it

And when I look into your eyes
I could hear what you tried to hide
And when I listened to your words
I could see that everything was gone

So was that what I should have done
I know you told me when you said nothing at all
I woke up late, to late to know
To late to use it to let you love
And when I thought that there was nothing more
you came right back at me and broke me in half
There's no one else, you already know
I tried to loose you and you tight me more
Don't wanna crawl
don't wanna fall
I don't live anymore since you left me alone

I guess then I can let you go
just like I have done it, just once more
But you'll always say "See ya"
There'll never be a "Goodbye"...

So was that what I should have done
I know you told me when you said nothing at all
I woke up late, to late to know
To late to use it to let you love
And when I thought that there was nothing more
you came right back at me and broke me in half
There's no one else, you already know
I tried to loose you and you tight me more
Don't wanna crawl
don't wanna fall
I don't live anymore since you left me alone

Suppose I tell you
What I’m thinking right know

30 de julio de 2007

Negro compuesto*

Y mientras leo las palabras rebuscadas de una serie de insulsos intentos de escritores, la adolescencia me pasa por encima y me hace notar que no son más que extraños tratando de ser comunes. Cada uno de los versos resuena en mi mente como un trueno: instantáneo, fugaz, vacío de sentido sin algo que lo ilumine. Ahora repaso lo que la autora quiso llamar poema. No lo entiendo; o quizás lo entiendo demasiado bien. Ya no comprendo cuál de los dos es peor: será que me harté de entender a insuficientes creadores de combinaciones lingüísticas que se cuelan en mi escritura simple y humana, tratando de llevarme hacia lo que todos los leídos por mí denominan "literatura".

Retomo en el texto que sigue al último que leí. No queda en él nada del anterior, y la conexión entre ellos es más nula que factible, pero trato de crearla para así, sin más motivo que mi imbecilidad, lograr entender el porqué de tanta impaciencia frente a la mera y más específica realidad y sencillez. Algún incrédulo artista de los suburbios de la niñez intenta hacerme creer entre sus líneas que sabe lo que dice, que entiende lo que escribe y, sobre todo, que su misión únicamente se corresponde con hacerme mejor a mí. No soy digna de que entres en mi mente, pero una palabra tuya bastará para enseñarme. Cierro las cuatro hojas fotocopiadas con el vacío de mi mente en el cual había comenzado a leer los párrafos de tantos ridículos textos, y con la necesidad de convertirme en una insolente emperatriz, quizás joven, quizás bella, quizás lo suficientemente poderosa y brillante como para transformar todos mis pensamientos en letras y todas mis críticas en realidad.

Me acerco a la tinta que me consume mientras la consumo, y como mi mente se va llenando de lo que no modificaré, vacío mi alma de las sensaciones que me provocaron esas sílabas tan bien pensadas y tan poco sentidas o ancladas en sentimientos. Rememoro lo que tan astutas vocales y consonantes provocaron en mi silencio, entre los jingles del último comercial y las notas del primer compás de la primera canción propagandeada: bronca, impotencia, asco, desazón, mal augurio para las letras del futuro. Intento escribir en la hoja que ahora se me escapa mientras se transforma bajo mi estricta mirada de blanco a negro y advierto que no tengo porqué escribir: las palabras escritas lo hacen por mí. Mi inconsciente me juega una mala pasada, y recordando a un autor un poco loco y otro tanto desquiciado, reitera la idea de no escribir, sino sentir por medio de la escritura. De no pensar, sino de disfrutar del silencio que se produce en la mente mientras los significantes salen solos.

Acuerdo c0n el último párrafo escrito que será el último. Me tiento de recorrer cada una de las letras que acompañaron mi éxtasis, mi clímax, pero me reprimo y disfruto también de la represión que no es represión. Ahora intento elegir qué significará el último punto, el último vestigio de tinta en semejante océano de leche. Me apresuro a dejar de imaginar a futuro y a simplemente realizarlo. Me quedo con la curiosidad de saber qué significa. Tendré que contentarme con saber que quizás, algún día, alguno de los tantos pocos lectores de mi obra entenderá qué significó. Quizás, si la suerte de Las Vegas me acompaña en ese mismo momento de la vida, ese mismo lector se tomará el trabajo de contactarme y explicarme qué significaba. Ahora bien, puede ser que Las Vegas se rebele contra mí y decida burlarse de mi pasión. Y así, me envíe en algún momento de su ingrata decisión a un torpe escritor de esas cuatro páginas, o peor aún, a un enclenque dichoso lector de esas cuatro páginas, a tratar de explicarme porqué el significado del punto es simplemente terminar mi narración.

Como se habrá dado cuenta, yo no puedo narrar, estúpido y adulador intento de entendedor.

23 de julio de 2007

el veintitrés*

There's a story in your voice both by damage and by choice

Abrí la alacena para tomar la misma bolsa de pan lactal de todos los días. Con la cocina fuera de su función y actuando como la estufa que no pudo ser, ocupé una de sus hornallas con la tostadora y esperé a que se calentara la habitación. Entonces entraste y te saludé como todas las mañanas, y rogué también como todas las mañanas que el desayuno te volviera a endulzar y a enamorar. El beso era igual al de todos los días, pero con esa magia instantánea que tenés cuando cada vez que sale el sol me deseás un muy buen día. Mirándote por detrás de esos ojos miel, busqué encontrar qué era lo que esperabas de ese día pero, para variar, no pude entenderte.

There's a story in your walk then you crumble just like chalk

Cerré la puerta con llave y pensé dos veces si había dejado la luz apagada. Caminé con una rapidez casi innecesaria hasta la parada de ese colectivo que no llegaría hasta quince minutos más tarde y escuché con atención durante todo el recorrido cada uno de los sonidos que me hacían recordarte. De más está decir que las bocinas de la ciudad se empecinaron en hacerme olvidarte, pero no hay nada tan poderoso como tu recuerdo, como la imagen que vive en mí de tu sonrisa brillando en tus ojos. No sé qué estarías haciendo en ese momento pero tampoco me importaba, me conformaba con sólo guardar el mayor tiempo posible tu aroma en mi piel.

There are pages I can't touch and something that's been torn out of this chapter

Bajé del colectivo no sin antes recordar que volvías a casa a las seis y que quería estar allí a esa hora para acompañarte y cuidarte como todas las tardes. Recorrí las cuatro cuadras que me separaban de mi destino comentando con mi alma la cantidad de besos que te había dado y cómo los habías recibido sin dudar, sin quejarte, sin dejarlos pasar. Hasta que a mi alma se le dio por contestarme, y demostrarme cuánto me había equivocado. No era que me amaras, era que amabas que te amara. No era que disfrutaras de estar conmigo, era que disfrutabas de lo que te podía dar. No era que habías recibido mis besos sin dudar, era que te servían para conformarte con lo que tenías y justamente no dudar. No era que llegaras a las seis para estar conmigo, era que te ibas a las seis de su casa para no estar con ella.

Once upon another time if you had the need I'd step right in the shoes that you've been walking

Buenos Aires, 23 de julio de...

Supongo que ya te habrás dado cuenta de que no estoy ni voy a estar más. Cuando saliste esta mañana decidí seguirte para solamente confirmar mis sospechas. No te voy a dejar que me destruyas, no sos quién para hacerme sufrir. No tengo más que decirte. Todo lo que te amé, todo lo que te amo, no vale más nada. No cuentes conmigo, no cuentes siquiera con mi recuerdo, con quien fui, porque si no eras quien yo pensaba, quien yo amaba, entonces lo que sentía tampoco valía.
Podés seguir con ella, podés disfrutarla, podés amarla, podés ser quién quieras ser con ella, pero jamás, jamás podrás conocer lo que es que te amen como lo podrías haber hecho conmigo.
No ganaste, no creas eso. Que tampoco lo crea ella, no dejes que lo crea.
No te olvides que todo vuelve, siempre.
Y que el 23 nunca se vaya de tu mente, jamás.


Mariposa traicionera todo se lo lleva el viento

20 de julio de 2007

amigo*

A veces no es lo que parece.
No hay más formas, no hay más color.
Queda la tinta, el papel, la brocha y el pintor.
Y aunque parece limpio, sabemos que se ensució.

A veces no es lo que parece.
Elegimos palabras para completar una definición que en el fondo
no vale.
Llenamos de significado a la nada.
Y aunque lo neguemos, sabemos que no es lo que parece.

A veces es lo que parece.
Y entonces perdemos el sentido.
Nos ahogamos en ese mar de preguntas que surge sólo de saber.
Y lo que parece, a veces deja de ser.

A veces no es lo que parece.
A veces es lo que parece.
A veces nos ahogamos en la desconfianza.
A veces nos ahogamos por saberlo.
A veces, pero sólo a veces,
que estés a mi lado es lo único seguro.

19 de julio de 2007

arte puro*

Ariana precede la reunión. Los más grandes artistas del mundo se han reunido bajo el manto insospechable e insoslayable de quien los puede llevar a saber quiénes son. Con las capuchas en las cabezas, amas y amos del ridículo actúan como normales y prefieren simular que nunca se perdieron, que nunca se fueron del lugar.
Ariana anuncia que comienza la sesión. Los más humildes creadores esperan su turno afuera de llenar los espacios con fonemas, las mentes con remodeladas ideas nuevas. La apertura de puertas acompaña al protocolo que rige la función que han armado detrás de tan pesado telón.
Ariana decide terminar la discusión. Los más sinceros acordes resuenan detrás del silencio de la despedida, que espera ser lo suficientemente corta para que sea larga. Los músicos hacen oídos sordos, los escritores intentan no leer, los pintores duermen con los ojos abiertos, y los hipócritas profesionales desarrollan sus más altos talentos al momento de actuar.
Ariana cierra con llave las puertas del recinto. Los más excelsos autores de historia escapan a sus aposentos hasta la próxima junta, soportando la idea de no volver a despertar o a acompañar la lógica del mundo.
La nota en el diario se tituló: "Gran reconocimiento de los críticos a la nueva exposición de arte moderno".
¿Desde cuándo moderno significa dormido?

13 de julio de 2007

La parada

Lo dejé esperando la próxima parada. Mientras me bajaba del colectivo arrimé mis ojos a los suyos, hipnotizados por esa insulsa pantalla miniatura, angosta , fría y aburrida. Creí que no me veía, aún no lo sé. Quizás preguntándole el nombre, o si me veía hubiese contestado muchas de mis preguntas.
Lo dejé viajando en ese próximo camino, quizás irrepetible o quizás inolvidable. Quizás rutinario o quizás aburrido para tantos. Quizás, en algún punto, en alguna similitud con un casino, azaroso, pactado por el destino para que lo conociese.
Lo dejé al lado de la puerta, al lado de la salida, listo para seguirme, listo para olvidarme, listo para reconocerme, listo para no mirarme. Podía elegir cualquiera de las opciones y ninguna de ellas era perfecta. Muchas eran fáciles, otras más complicadas, otras más divertidas, otras más rebuscadas. El punto es que lo dejé teniéndolas en la palma de su mano, en la planta de sus pies, en el tono de su voz.
Lo dejé en la parada, cuando lo choqué mientras llegaba a esperar el colectivo que nunca debería haber tomado.

9 de julio de 2007

Afrodita

Ahí la vi. La belleza personificada. Entusiasmaba, excitaba, despertaba en mí los más fuertes sentimientos (y los más profundos). La miré a los ojos y traté de decifrarla, letra por letra, símbolo por símbolo.
Rubia; ojos verdes, de esos que no muestran nada más que lo que quieren mostrar; más alta que yo, pero no me molestaba; la boca con una sonrisa brillante; la nariz respingada; los bucles amplios y suaves. Traté de entender qué intentaba mostrar con esa imagen, pero cuánto más trataba de entenderla más me daba cuenta de que no había nada destrás de esa imagen, de que era simplemente bella.
Irradiaba luz, era una estrella, o una especie de fuente de luz. Algo así como un brillo que llegaba a todos y nos empapaba, que nos despertaba y nos hacía sentir vivos. Cuanto más la miraba, más me encendía, más me hipnotizaba con su mirada, su voz, su ser.
Y llegó ese momento en el cual todo desaparece, todo se rearma, todo vuelve a ser como al principio de los tiempos y entré en el inexistente limbo. Sentí que por primera vez salía de mí y entraba a otra persona. Ya no era yo, era ella, pero al mismo tiempo la que sentía eso era yo. Era yo entiendo lo que era no ser yo.
Las seis de la tarde en el subte en la porteña ciudad de Buenos Aires no es el mejor momento ni lugar para dejarse llevar por la belleza más pura y hundirse en un limbo de perfección. Evidentemente, por lo menos eso pensaba la mujer que sin ningún cuidado se encargó de hacérmelo saber cuando me pegó ese codazo en las costillas. Volví a la Tierra para verla salir por la puerta del vagón en esa antigua estación del centro, populosa y heterogénea, con su porte de diosa Venus al mejor estilo Boticelli, pareciendo pintada con los trazos más dulces, suaves, sensuales, maravillosos y exactos.

Cuando salió, en el vagón no quedó más nada, salvo la aureola de lo divino que se fue, y lo mortal de las presentes, que sin importar lo mucho que nos esforzáramos jamás podríamos competir con Afrodita. Ellos ya habían caído en la tentación, quizás mucho antes de que alguna de nosotras pudiese haber hecho algo para salvarlos de perderse en su irrealidad.

29 de junio de 2007

Pinked by you

Shake the smile of my wings
you make me feel I can't breathe
you show the world what i'm not doing right

Close the light of my eyes
why shouldn't leave you and run?
why would I love you, even when I can?

No one to tell you
to help you, to save you
nobody is believing in you

No one to fight you
they don't wanna hear you
they're tired of what you do

I'm going down this river once again
I'm drowning in your voice and can't be saved
I bought your understanding kind of self
I drop the coin and it never never ended twisting

Silence the thunder from my back
but you can't do it, but if you could tried
and there's no return on what you've done on the night

No one to teach you
you're closed to me ans them
they won't complain but they won't pray

I'm going down this river once again
I'm drawning in your voice and can't be saved
I bought your understanding kind of self
I drop the coin and it never never ended twisting

Shut up 'cause I'm going down the spine
The chill you're making me feel won't stop
But I can make it end
You know I really can


And you are afraid of knowing that I can

24 de junio de 2007

.i'.m.u.s.i.c.

So when I feel I could crush
something is keeping me alive
it has no face, it has no life
I look above all the stars
I listen at every sound
I get to know what is that

I saw you trying to make me
I felt you trying to help me
I sensed you trying to teach me
But I can't do much more


And of all the things I try
of all the things I pray for
of all the things that fill me up
One of them will catch me when I fall
I'music, that's all
And of all the things you patch
of all the things you scream for
of all the things that freak you out
One of them will never leave me to fall
I'music, we're music
That's all

Sometimes you think I decide
when I will cry and deny
You just don't get it, don't you hon?
It's my heart the one to follow
and you can't teach me, you don't
But there's something inside me to try

I heard it when it screamed
inside all over me and deeper
I knew I had to hunt it then
But now I have and live it

And of all the things I try

of all the things I pray for
of all the things that fill me up
One of them will catch me when I fall
I'music, that's all
And of all the things you patch
of all the things you scream for
of all the things that freak you out
One of them will never leave me to fall
I'music, we're music
That's all

Noooooo
You won't fix me while I'm crying
Noooooo
You don't know what I'm trying
I feel it, it lives in me
I feel it, I live for it

And of all the things I try
of all the things I pray for
of all the things that fill me up
One of them will catch me when I fall
I'music, that's all
And of all the things you patch
of all the things you scream for
of all the things that freak you out
One of them will never leave me to fall
I'music, we're music
That's all

22 de junio de 2007

Unwritten

I have been lonely
Yeah, so lonely
Lots of times in my life

I thought it was over
Done and over
I could live it right now

But then I wake up every morning
watching everything fall apart
It's like nobody allows me to be real
they don't like who I am

Why do the feeling I hold inside
look so familiar when they should look so far?
Why am I praying for this life to start
if I should have been living it for so many time?
Why looks so angry the smile in her eyes
as if nobody could tell me that I'm gonna be fine?
Why should I keep on living this lie?
I don't trust anyone no longer and I don't wanna be fine

So many voices have pressed all over me
the buttons to crush
And now they tell me I'm an MVP
How not to see it's a lie?

The people that I've always loved
now are letting me fall
Don't try to tease me with your answers
I'm not an idiot you know?

Why do the feeling I hold inside look so familiar

when they should look so far?

Why am I praying for this life to start

if I should have been living it for so many time?

Why looks so angry the smile in her eyes

as if nobody could tell me that I'm gonna be fine?

Why should I keep on living this lie?

I don't trust anyone no longer and I don't wanna be fine

And I don't wanna keep on playing the part of the dumb
You made me think I was an asswhole and now you try to rewind
Had no one ever told you that there are things not to try?
I've never been so sad or angry like I'm with you right now

Why should I leave my world believing
that yours is so much more fine?
Nobody try to give me answers
you just think they're too much
I've gotta tell you something
Doesn't matter, you won't mind.

14 de junio de 2007

Hasta el fin del mundo

Y te seguiré hasta el fin del mundo.
Y allí donde nos prometieron que no habría nada
encontraremos una isla.
Y allí donde nos prometieron que habría una isla
encontraremos agua.
Y nadaremos en ella sobre nuestras almas.

Y te seguiré hasta el fin del mundo.
Y allí donde nos prometieron que habría todo
no encontraremos nada.
Y nos sentiremos desahuciados
pero estaremos juntos y entenderemos
que hemos encontrado todo lo que buscábamos.

Y te seguiré hasta el fin del mundo.
Y cuando lleguemos
nos daremos cuenta de que no existe.
Porque el fin del mundo estará
allí donde nuestro amor se acaba.

11 de junio de 2007

Sarah

Volvió a mirar el vaso vacío que tenía enfrente y se arrepintió de no haberlo llenado. Mientras escribía en su computadora personal, Sarah trataba de imaginarse la próxima palabra que vendría a su cabeza. Era un proceso difícil, pero entretenido; hacía mucho tiempo ya que el escribir se había vuelto rutinario.
Cinco años pasaron desde su primer trabajo serio como redactora de la "nueva revista para la mujer" . Bueno, serio. Eso es lo que le decía a todo el mundo, salvo por la parte de para quién escribía. "Empecé en una revista de tirada mensual millonaria" se limitaba a acotar.
Apariencias, eso era todo lo que importaba ya. Empezó siendo un trabajo sumamente ideológico, moral y fantástico, único en el mundo. Escribía, disfrutaba, era como ser rockera de nivel mundial a los 20 pero en el ámbito que a ella le interesaba. Ergo, era muchísimo mejor. Ahora, se limitaba a aparentar que disfrutaba sus escritos, que quería a quienes la querían, que escribía lo que le gustaba y que decía lo que pensaba. Tenía bien en claro que no era así: decía lo que sabía que querían los demás que dijera, escribía lo que le pedían, no podía soportar a quienes la querían, aborrecía sus escritos vacíos e insignificantes.

Sarah volvió a su escritorio y retomó las últimas palabras que había escrito: "para este verano". Casi podía decir que si no lo estuviese escribiendo en ese mismo instante y hubiese leído esa frase de entre un grupo de sus notas mezcladas, jamás podría haber adivinado sobre cuál de todos sus reportes se trataba. Esa era una de las frases más repetidas, pero claro, a las mujeres lectoras de la revista no les molestaba, si eran tan falsas como el invierno en Ecuador. Todavía no se había cruzado con una graduada en Trabajo Social, con una maestra jardinera de un barrio carenciado o con una desocupada ama de casa de los suburbios que se entregara durante su tarde a leer ese conjunto de 100 páginas, 10000 palabras, 15 temas que se le entregaba quincenalmente en la entrada a su hogar.

Y ahí estaba ella todavía, sentada en su escritorio de esa redacción fría y desconsiderada que lo único que intentaba era alcanzar su máximo poder de persuación acerca de la tristeza y genialidad de la moda. Ella, la más fuerte y brillante de su clase universitaria, cualquiera que le nombraran. Ella, la que tenía la capacidad y el poder de modificar su propio futuro y, porqué no, el de alguna redacción de ya gran reputación, eligió, como suelen hacer los hombres mortales, el camino fácil.

Le habían enseñado cómo pintarse, cómo vestirse, cómo hablar y mentir en un mundo que la rodeó toda su vida. Así nació, creció y vivió hasta ese momento: ¿por qué habría de cambiar ahora? Lamentablemente, conocía la respuesta: porque podía, porque debía, porque se lo debía. Pero sencillamente no podía, era imposible. El frío que la rodeó todos esos años habría alcanzado su objetivo: ahora ella era una más de las resignadas.