5 de junio de 2009

La imposible tarea de juzgar a un libro por su portada

Cómo creer en lo que se ve si al final, por detrás, aparece un nuevo halo que demuestra que todo no es lo que parece. Viví intentando confiar en lo que el mundo decidía mostrarme, pero ni siquiera se tomó el trabajo de mentirme con su disfraz. Imposible juzgar a un libro por su portada en esta sociedad, porque esas portadas, la mayor parte de las veces, no tienen nada que ver con el contenido del libro.
Ribetes de oro, gráfica impecable y letrística digna del medioevo cubren por completo conjuntos de hojas que muchas veces serían más fructíferas como hojas en blanco.
El problema no surge de aquellos libros necios, reiterativos, funcionales a la sordera moderna. El problema resalta y se define, volviéndose un cartel de neón en una noche en el desierto, cuando la mentira "portil" se subyace en los libros que acompañan la esperanza, la libertad, el cambio. Miles y miles de páginas llenas de tinta y vacías de realidad predican e inspiran en hombres y mujeres ansiosos de felicidad, una serie de máscaras aislantes, que tras sus brillantes cristales de revolución, duermen los sentimientos más ideales e imaginativos del sistema actual.
Entonces, nosotros, los intrépidos, los mágicos, los soñadores, abrimos estos libros con la intención de sumergirnos en tan maravilloso océano. En en cuanto logramos la profundidad, que notamos que el agua cristalina es más bien petróleo frío; la vegetación colorida, chatarra de pintura; la fama maravillosa, burbujas de sumisión. Y una vez tan profundo, ya no podemos salir y nos resignamos a hundirnos lentamente, ahogándonos en la tristeza.
 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy bueno! -según mi juicio propio- Laberintos de miserabilidad intelectual nos rodean en los tiempos modernos, es cierto.